EL HOLOCAUSTO CANINO


Ningún vecino del edificio ██████ era consciente de que el inquilino del 5.o D les estaba dando una de sal y otra de azufre. No dejaron de atribuir el malestar de sus perros a un virus pasajero… hasta que las primeras víctimas sucumbieron. El diagnóstico de los veterinarios fue unánime: alguien estaba envenenando a sus mascotas. Cuando el asunto fue puesto en conocimiento de la Policía, descubrieron que esta ya manejaba un centenar de denuncias provenientes de distintos barrios de la ciudad. Un asesino de perros andaba suelto en ██████ y todos los vecinos eran sospechosos.


Toby, un ██████ de ██ años, llevaba más de dos años desempleado y había perdido la esperanza de volver a trabajar. Al parecer, no era la primera vez que se rendía: nunca llegó a terminar la carrera de Humanidades en la que se matriculó en ████. Sus vecinos lo recuerdan leyendo el periódico en el parque del barrio, un parque canino que frecuentaba tanto que acabó por inspirarle, en ████, el poemario finalista del certamen de poesía municipal.


Hoy por hoy, algunos de sus versos resultan reveladores: «Parque infantil, parque canino, / columpios y cacas. / Infantil por lo retrógrado, / canino por la especie / (es un parque para perros, / no para mascotas: / no hay ni un puto gato / en este puto parque)». Posiblemente, su creatividad sin explotar y la fijación por los perros se combinarían para maquinar, en aquellas jornadas de ociosidad, una manera de expresar la frustración que le ocasionaba su situación laboral.


Rocky, un abogado de ██ años, natural de ██████, sale en defensa de su amigo: «Quedábamos por las noches en el Bar 16 para charlar. Toby es un hombre tranquilo, bastante inteligente y sensato. Que se lo llamen asesino me sorprende». Una empleada del mismo bar confirma que ambos amigos «eran asiduos y bebían cívicamente; los clientes que toda camarera desea tener». Así que, como ocurre con los más famosos asesinos en serie, nadie de su entorno detectó que el mal paseaba por sus calles, bebía en sus bares y dormía en sus edificios.


«El asesino múltiple es un psicópata con plena capacidad para comprender la criminalidad de sus actos», explica el psicólogo ██████. «Puede manifestar su patología en el ámbito privado y mostrarse encantador de puertas para afuera; por eso se le considera un “buen vecino”. En realidad es un ser calculador, obsesionado con el poder y carente de sentimientos. Es frecuente que comience ensañándose con animales, puesto que no los ve como seres vivos, sino como objetos fáciles de dominar». Y añade: «Definitivamente, hemos detenido a tiempo a un potencial asesino de personas».


Los orígenes del exterminio


El ██████, Toby recibió una importante noticia: la empresa de alimentación para mascotas Cárnicas Hocico había decidido concederle un puesto como oficinista. El propietario del Bar 16 comenta que a partir de entonces empezó a «echar en falta» al presunto asesino: «Pensábamos que le había pasado algo, porque no era normal que acudiese todas las noches y de repente dejara de venir. No sabíamos nada sobre su trabajo o su vida, y su amigo [Rocky] tampoco soltó prenda. Eran dos hombres muy discretos».


En aquellos días se registraron las primeras quejas por envenenamientos de perros. La Policía llegaría a acumular más de cien denuncias en solo un trimestre. El veterinario municipal, ██████, explica que «hubo una alarma generalizada, varios centros veterinarios se pusieron en contacto con el ayuntamiento para que se investigara el asunto de las intoxicaciones». S. H., director de Cárnicas Hocico, la empresa donde trabajaba Toby, asegura que «ningún perro murió por nuestra culpa. Recibimos inspecciones sanitarias con regularidad y siempre hemos cumplido la normativa. El exempleado no tenía acceso a la planta de cocinado y empaquetado, por lo que nuestros productos no pudieron ser adulterados».


El modo en que los perros eran envenenados estaba a la vista de todos, y sin embargo, nadie adivinaba quién era el asesino. Con el dinero que ganaba en Cárnicas Hocico, Toby le compró una furgoneta a ██████, un comerciante que ya había sido detenido en el pasado por la venta de artículos robados. El vehículo, un ██████ gris y destartalado, sirvió al presunto asesino para desplazarse por los diferentes barrios de ██████. En él portaba todo lo que necesitaba: en el maletero, un saco de azufre, y en la guantera, un mapa donde iba tachando los distritos conquistados.


En las grabaciones nocturnas que más tarde se extraerían del sistema de cámaras urbano, se puede ver a un hombre paseando tranquilamente por la calle, acarreando con poco disimulo el saco de azufre, vigilando las ventanas de los edificios para comprobar que nadie le observa y cuidándose de que ningún peatón le siga. En algunas de estas imágenes, el hombre, que acabaría siendo identificado como Toby por sus vecinos, esparce azufre junto a bolardos y bocas de incendio, y se adentra en parques públicos con propósitos similares.


«Está prohibido abandonar en la vía pública cualquier tipo de residuo tóxico», recuerda un sanitario del Hospital Clínico Veterinario, «el azufre es una sustancia peligrosa que también puede afectar a la salud de las personas. Especialmente se ha puesto en riesgo la vida de los niños, que tienden a tocarlo todo y a llevarse los dedos a la boca».


El caso se resolvió por accidente


En la noche del pasado 27 de abril, dos turismos resultaron implicados en un accidente en la carretera ████ que une ██████ con ██████. En un vehículo (un ██████) viajaba el prestigioso cirujano Hachiko Greyfriars con su hermano, el misionero Scooby-Doo Greyfriars. Ambos fallecieron antes de que los sanitarios pudieran asistirles. En el otro vehículo (un ██████) iba un matrimonio, ██████ y ██████, de ██████, con su hija ██████ de ocho años, que fue trasladada al hospital ██████ con heridas graves y que ha fallecido esta madrugada a causa de una parada cardiorespiratoria.


Los padres de la menor, que salieron ilesos del accidente, narraron a este periódico cómo vivieron la catástrofe. «Íbamos solos por esa condenada carretera», dijo el padre, recordando que en el mencionado tramo existe una alta concentración de accidentes debido al estado del asfalto y a las fuertes rachas de viento. «De repente, un perro se cruzó en mi camino y reaccioné dando un volantazo, con la mala suerte de que justo en ese momento otro coche venía de frente. Chocamos de lado. Nuestra hija se llevó la peor parte». «Llamamos a Emergencias, pero tardaron mucho en recogernos», se lamentaba la madre.


Esa misma noche, horas antes del accidente, la Policía detuvo a Toby en un control de tráfico rutinario: había salido presuntamente a dar una vuelta por el campo y circulaba por la misma carretera donde se produjo la colisión. Cuando los agentes revisaron los documentos de la furgoneta, descubrieron que era robada y se la requisaron sin cargos. En ella se quedaron el saco de azufre y el mapa, pruebas que serían definitivas para la acusación. Al día siguiente, la Policía le notificó a Toby y a su esposa Luna que su perro «Felipe» había provocado un accidente.


Según nos relata uno de los agentes que detuvieron a Toby, el presunto asesino explicó que le habían bajado el sueldo, que fue solo al monte para despejarse y que el perro debió escaparse y seguir su rastro porque le quería mucho. No obstante, la Policía sospechó desde un primer momento que Toby había salido de excursión con el animal, que este se escapó y fue dado por perdido. En cuanto a la bajada de sueldo, «fue un toque de atención», explica el director de Cárnicas Hocico, «porque era un trabajador improductivo e impuntual. En los últimos meses se ausentó de la oficina numerosas veces sin presentar explicaciones ni disculpas».


██████, el tío de ██████, la menor fallecida en el accidente, hizo las siguientes declaraciones a las puertas del tanatorio ██████: «Estamos consternados. Este individuo [Toby] fue a ver a mi hermano al hospital. Se insinuó para pedirles dinero por el perro atropellado. Al parecer era de una raza cara, no entendemos de esas cosas». Sin embargo, Felipe no era de raza ni su adquisición resultó cara. Pertenecía a ██████, la suegra de Toby, que lo rescató de la perrera municipal cuando era apenas un cachorro. ██████ pereció el año pasado en el incendio de la calle ██████ y Felipe fue adoptado por Luna y Toby. La Policía celebra que «el animal tenía todas las vacunas y documentos en orden. Gracias al microchip pudimos localizar a sus dueños».


Una entrevista con Toby motivó al diario ██████ a continuar con las indagaciones, puesto que el sospechoso contaba versiones muy contradictorias y, aunque rehuía, estaba demostrada su implicación en el caso. Con permiso de la Policía, se inspeccionó la furgoneta robada, la cual permanecía en el depósito municipal. En ella se localizaron el saco de azufre casi vacío y el mapa de la ciudad con algunos distritos tachados y comentarios escritos con una letra ilegible, pruebas que serán utilizadas para acusar a Toby de homicidio y delitos contra la salud pública y el medio ambiente.


«[…] No obstante, la condena puede verse reducida si se detecta la existencia de ciertos trastornos mentales», advierte el psicólogo jurista ██████. Rocky, el abogado con el que Toby se iba de copas, pide que se respete su presunción de inocencia, aunque ha alegado que no ha podido aceptar la defensa de su amigo «por motivos que no vienen al caso».


«Ahora que me acuerdo», reflexiona una vecina del 5.º D, «algunas noches, cuando los perros ladraban, había un vecino que se asomaba al balcón y se ponía a gritar como un energúmeno, pidiendo silencio. Sí, puede que fuera él [Toby]. Espero que la justicia le dé su merecido, por todo lo que nos ha hecho pasar». Y concluye: «Después de esta historia y de los vídeos que están saliendo, no puedo parar de preguntarme cómo una persona puede ser tan dañina, cómo se puede tener un odio tan profundo hacia los animales». En este sentido, la Policía baraja una nueva teoría: que Felipe no se había escapado, ni se había perdido, sino que había sido víctima de un abandono.


Muerto el perro, se acabó la rabia


Son las siete en el cementerio canino ██████. El viento arrastra el polvo de los cipreses, que brilla a estas horas crepusculares, y algunas personas quieren ver en él a los fantasmas de sus mascotas. Aquellos que perdieron a sus perros por culpa del azufre se han unido para construir un pequeño mausoleo: un lugar apacible para recordar a todas las víctimas del holocausto canino. Un lugar en el que, unidas en su injusta desgracia, puedan descansar en paz.


Una vecina, miembro de la Asociación de Propietarios de Perros de ██████, reza por los cuatro perros que perdió por culpa del azufre. No oculta sus lágrimas ni su indignación al hablar con los medios: «En el ayuntamiento no nos hicieron ni caso. Le pedimos al concejal de Sanidad que limpiara las calles a fondo y nos dijo que ya estaban limpias y que ellos ya sabían manejar la situación. Pero si no llega a ocurrir el accidente de Hachiko Greyfriars, aún seguirían muriendo perros. Dios lo tenga en su regazo».